viernes, 5 de mayo de 2017

LAS MAYAS



Maya llaman en algunos lugares a una muchacha a quien un mancebo a quien llama ella su Mayo, regala y sirve por todo el mes de Mayo con flores: adórnanse uno y otro con ellas; de modo que se presentan con particular gracia de donde se pronunció después guturalmente con esta misma significación Majo, Maja en lugar de Mayo y Maya.


Diccionario castellano de Terreros y Pando (1786-1793)
Maya de Colmenar Viejo, fuente: diario EL PAÍS

LA CELEBRACIÓN DE LA MUJER, DE LA CASTIDAD Y LA PRIMAVERA

Manuel Fernández Espinosa

Mayas y Mayos. Aunque en el siglo de oro se pretendía con esta costumbre solemnizar la Invención de la Santa Cruz, bien que podríamos remontarnos a tiempos más antiguos todavía. En una síntesis (que no sincretismo*) del elemento antiquísimo con el elemento cristiano, las Mayas es la modalidad que celebra la primavera, la fertilidad, la castidad, la salud y la prosperidad. Su presencia puede rastrearse, pese a lo mucho que se ha perdido, en toda la Península Ibérica: desde Euskalherría hasta Almería. En Vascongadas se le llamaba "mayatz anderea" (la Señora de Mayo) y, en otras partes, la Reina de Mayo. Nos cuenta D. José Deleito y Piñuela, en su libro "El rey se divierte... también se divierte el pueblo".

"Levantábanse con este motivo improvisados altares en los barrios más castizos, con sendas cruces, y se engalanaban las calles [...] Presidía la fiesta de cada barrio, en el siglo XVII, una mujer, necesariamente soltera, elegida por los vecinos entre las más hermosas y honestas, la cual quedaba proclamada Maya o Reina de Mayo. Vestida ésta con rico guardapiés de brocado de oro o plata, y con el cabello adornado de flores naturales, instalábase en su trono, haciendo oficio de tal un dorado taburete, que se ponía sobre una alfombra de vivos colores. Acompañábanla corrillos de las muchachas del barrio endomingadas. Dos o tres mozuelas destacábanse por las inmediaciones a caza de transeúntes, a quienes llevaban a ver la Maya; a cambio de lo cual, provistas de salvillas o platos, les pedían en su nombre dinero para meriendas o refrescos, con esta copla o sonsonete:

Para la Maya, para la Maya,
para la Maya, que es linda y galana.

En el marco en que se entronizaba a la joven virgen se ponían flores y no pocas veces las "ofrendas" (roscos, pasteles, etcétera) que hacían los hombres que iban a ver a la Maya. Por esa decoración floral y por los dulces que donaban sus oferentes se ha relacionado ésta fiesta con la Bona Dea romana; la Maya aparecía a los ojos como una virgen mayestática (por más que sus admiradores la piropearan o requebraran), la joven debía permanecer con el semblante inmutable, como una reina o diosa ajena al público espectador de su belleza y engalanamiento. Por el nombre y la fecha de su celebración las Mayas podrían relacionarse con Maia: Maia es una de las siete Pléyades, las hijas de la ninfa Pleíone y el titán Atlas, la más bella de todas sus hermanas. Zeus hizo a Maia madre de Hermes. Pero si el nombre Maia nos remite a Mayo, no deja de celebrarse a la Bona Dea que lo mismo era llamada Maia que Fauna, también a Flora: "¡Madre de las Flores, ven, que has de ser festejada con juegos y regocijos!" -canta Ovidio en sus "Fastos".

La Bona Dea se representaba sentada en un trono, con una cornucopia (símbolo de la abundancia y la prosperidad), siendo su atributo las serpientes que, por la muda de la piel, representaban la perennidad y la salud. Que se eligiera a una doncella pre-adolescente para ensalzar la belleza femenina y virginal era como la promesa de matrimonios fundados en la virginidad de la mujer, matrimonios capaces de dar en el futuro a hijos de buena madre que garantizarían le perpetuidad de las familias que componen la comunidad. La primavera vuelve, tras los rigores del invierno, y en mayo alcanza su esplendor; el ciclo humano es análogo al de la naturaleza, lo mismo que florece una nueva primavera, las madres que el tiempo van añejando serán relevadas por esplendentes hijas que, como reinas y vírgenes hieráticas, no han conocido varón ni han sido mancilladas: la raza cuenta, por lo tanto, con el seguro de un relevo de mujeres que darán hombres para el porvenir. Como vemos, el sentido encubierto en todo esto es de una hermosura como sólo puede hallarse en lo que es auténticamente Tradición ancestral, de la que dimanan sentidos religiosos que fundan lo festivo y que, verdaderamente, constituyen la comunidad en sus lazos con los antepasados y los descendientes, con el suelo y la sangre, en la sagrada pureza de las matrices.

El cristianismo vio en la festividad la celebración de la virginidad y la castidad, relacionándola con la Virgen María y suprimiendo las serpientes que nunca han tenido buena fama entre el cristianismo por el inveterado prejuicio de asimilarla a Satanás. Desde la Edad Media puede decirse que se celebraban las Mayas más o menos, como en los casos, han llegado a nosotros. Mencionan las mayas los juglares y también El Libro de Alexandre. Pero con el tiempo, algunos clérigos celosos de la ortodoxia hasta el histerismo, lanzaron sus anatemas contra lo que veían que era una supervivencia folclórica del paganismo; no todos los clérigos juzgaron tan mal a las Mayas y muchos supieron asimilar la festividad en esa síntesis de la que hemos hablado más arriba. Peores que los clérigos fueron los ilustrados que, con el pretexto de lo incómodo que resultaban las azafatas de las Mayas para los transeúntes, suprimieron en sus pragmáticas y ordenanzas municipales la fiesta: el Conde de Aranda y Carlos III así lo hicieron. 

Pero, a pesar de todas las hostilidades de los poderes ilustrados, la fiesta pervivió, si bien muchas localidades perdieron las Mayas o acabaron por transformar la Maya en las Cruces de Mayo, ya sin entronizar a una beldad virginal. 

La fiesta se está recuperando gracias al empeño de muchas asociaciones locales, como vemos y celebramos que haya pasado en Almería.

NOTA:

*Conviene advertir que, aunque se emplea frecuentemente el término "sincretismo", síntesis y sincretismo religiosos no son lo mismo: en el sincretismo vemos que se unen desde fuera elementos más o menos inconexos, siendo un eclecticismo fragmentario e incoherente. La síntesis se realiza desde dentro, reconociendo la unidad intrínseca.

La Bona Dea de los romanos

Dama de Baza




 

miércoles, 12 de abril de 2017

LA MARAGATERÍA SEGÚN EL PADRE SARMIENTO

Maragata


P. Martín Sarmiento
UN EXCELENTE ESTUDIO ETNOGENÉTICO DEL SIGLO XVIII


Manuel Fernández Espinosa

Entre los enigmas de la etnología hispánica hay uno en que todavía podemos quebrar nuestras cabezas: el de la "Maragatería". Tiene su solera. Como otros pueblos -los gitanos, los agotes-, los maragatos sufrieron la estigmatización y exclusión social. Fueron reacios a los matrimonios mixtos y vivieron en la endogamia étnica, vigilando mucho la honra de sus mujeres. "La esfinge maragata" de Concha Espina es de 1914, pero una golondrina no hace verano.

Sobre los maragatos no ha sido superado todavía el ensayo que le dedicó al tema el P. Martín Sarmiento (1695-1772), benedictino y polígrafo del círculo del Padre Feijoo. Me refiero a su "Discurso crítico sobre el origen de los Maragatos", del año 1768. En esas páginas, con humildad intelectual, reconoce que le faltan elementos para poder despejar la incógnita del origen maragato, pero en un brillantísimo alarde filológico e histórico recorre todas las posibilidades etimológicas e históricas que puedan servir para la etnogénesis de la Maragatería. Él mismo lo dice: "mi intención no es apurar el fijo origen de los Maragatos, sino manifestar que el que vulgarmente se les señala, padece muchas dificultades".

El Padre Sarmiento nos indica desde el inicio las tareas que habría que realizar para investigar una cuestión tan oscura, expresando que él, por sus limitaciones, no puede hacer ese trabajo de campo. Aporta en este sentido toda una guía metodológica para la investigación etnográfica: 

1. Registrar y estudiar el Archivo de la Santa Iglesia de Astorga y otros monasterios circunvecinos.

2. Pasear el País de la Maragatería, metódicamente: "Se deben ver, registrar y observar las Parroquias, lugares, y sitios del país, coordinando sus distancias, y apuntando todos los nombres" (de montes, peñas, valles, ríos, fuentes y lagunas), para formar un Mapa geográfico.

3. Recopilación de todo el material epigráfico y arqueológico: "postes, columnas, y lapidas con letras. Todos estos letreros se han de copiar", teniendo en cuenta que las calzadas romanas que cruzaban el país siempre dejan sus vestigios. Para un posterior estudio.

4. "También sería muy del caso, que se cogiesen las tradiciones comunes, las costumbres que parezcan ridículas, y las que se usan en los casamientos, bautismos, y funerales, sin omitir las frases, y expresiones de la lengua que parezcan exóticas".

Con una erudición descomunal, el P. Sarmiento desmonta las teorías ingenuas sobre el origen maragato, una de las cuales se expresa así: "Dícese, y se cree, que los Maragatos son unos descendientes de una porción de moros, que los christianos cautivaron en una victoria, y que el Rey los trasplantó a las montañas de la Maragatería, para que la habitasen, poblasen y cultivasen". Piensa Sarmiento que esto vino del rey Mauregato, Rey de Asturias, hijo de Don Alonso el Católico. Y termina concluyendo que: "Yo creo que se llaman Maragatos por habitar el país, y montañas que dominó Mauregato".

Recorre nuestro benedictino todas las posibilidades que se le presentan, notándose que el tema ha sido por su parte concienzudamente pensado y repensado, tal vez -como al final del discurso es elocuente de ello- desde que era un niño. Resulta muy sugestiva la hipótesis que lanza sobre el topónimo de "Maragato" cuando la hace proceder de "Murex": "adjetivo de los montes, que después se aplicó a los habitantes. Quando los remates de un monte parecen dientes de una sierra, se llama sierra ese monte, y los que habitan Serranos (...) y no es impropio que las montañas de la Maragatería tomasen el nombre de Murex por sus picos. En este caso sale Murex, Murice, Muricato, Murecato, Maragato".

Tampoco soslaya la posibilidad de que el gentilicio indique una suerte de "gente mezclada de Moros, y Godos. Por el mismo sonsonete creen muchos que los Agotes, tan despreciados en las gargantas de los Pirineos, son reliquias, y descendientes de los Godos". Lo mismo que el tema de los Agotes, también toca el de los Vaqueiros, más próximos espacialmente a los maragatos.

Su perspicacia antropológica, afinada con la erudición histórica y filológica, no puede dejar de reparar en el parecido que los gorros de los maragatos muestra tener con los tocados antiguos que pueden cotejarse en las efigies de las monedas prerromanas, recurriendo a la colección numismática del polígrafo aragonés Lastanosa. 

En cuanto a la idiosincrasia maragata también deja constancia de su parecer: "he observado que son muy reales, serios, secos, y taciturnos, que rara vez he visto reír a un Maragato, y hasta ahora a ninguno he visto que vaya cantando por los caminos, como los arrieros de otros países". Menciona encomiosamente "La exemplar devoción con que todos los lugares de la Maragatería se juntan para llevar en procesión a nuestra señora del Castro a la Catedral de Astorga, no tiene símil. (...) En verdad que esta tan piadosa costumbre, que los Maragatos observan de inmemorial, no la han heredado de los Sarracenos, ó Moros".
 
También quiebra sus lanzas por el honor de la Maragatería, cuando -contra el vulgo que la desprecia- dice: "todo habrá concurrido para introducir, y promover la fábula supesta, para que los Idiotas miren a los Maragatos como que son siervos, y esclavos de los demás. Yo pienso de distinto modo." Y también aplaude la defensa que los maragatos hacen de sí, contra todos los que los pretendían ultrajar: "No me paro en los apodos, que ponen a los Maragatos, pues ya ellos corresponden con apodos de piedras".

El "discurso" es una muestra de la excelente calidad que los estudios dieciochescos alcanzaron con hombres como Sarmiento en la indagación de nuestros orígenes; el P. Sarmiento también daría pasos de gigante en la etnografía gallega. El estudio del Padre Sarmiento sobre la Maragatería es de forzosa citación. Nos parece un síntoma de la desoladora incultura de nuestro tiempo que haya gente que, al escribir sobre la maragatería, no sepa ni que existe este ensayo; es por ello, por lo que se atreven a lanzar temerarias y ridículas teorías sobre este asunto, conjeturas de aficionados que no resisten ni el empujoncito de un dedo. 

jueves, 6 de abril de 2017

LA DANZA DE LA MUERTE SOBREVIVE EN LA ANCESTRAL IBERIA


Danza de la Muerte, Verges

LA DANSA DE LA MORT DEL JUEVES SANTO


Manuel Fernández Espinosa


Las Danzas de la Muerte parece que son cosa de los siglos medievales, las damos por desaparecidas y, puntualmente, podríamos verlas en algún teatro si se representara la "Farsa de la Muerte" de Diego Sánchez de Badajoz (Talavera la Real, en las postrimerías del siglo XV y fallecido el año 1549) o alguna de las piezas dramáticas del belga Michel de Ghelderode (1898-1962); pero la Danza de la Muerte sigue representándose. En Verges, en el Bajo Ampurdán (Gerona, Cataluña, España), todavía las "Muertes" recorren sus calles por Semana Santa. 

Los antecedentes de la Danza Macabra de Verges se remontan a la Edad Media; por testimonio documental de 1666 se sabe que la procesión del Jueves Santos ya se celebraba con Danza de la Muerte, pero fue Fray Antonio de San Jerónimo el que adaptó la tradición vergelitana en su libro titulado "Representació de la sagrada Passió y Mort de Nostre Senyor Jesu-Christ" (1773)

La Danza Macabra ha sobrevivido aquí en un estado de pureza admirable. La coreografía la forman cinco figurantes (dos adultos y tres niños), disfrazados de esqueletos. Dan brincos al son del tambor, escoltados por cuatro hermanos de luz que portan antorchas. Un esqueleto adulto lleva la Bandera (que nos avisa de nuestra mortalidad), el otro manipula la Guadaña (en la que pone NEMINI PARCO: "A nadie perdono" y que representa la última hora), un esqueleto niño con un reloj sin brocas (a cualquier hora puede ser) y dos esqueletos infantiles que llevan dos platillos con ceniza (el polvo en que nos convertiremos).

Aunque no con una coreografía tal, en la Semana Santa de toda la Península Ibérica todavía podemos rastrear vestigios en la iconografía fúnebre que, además de ser "Memento mori" (recordatorio de la muerte), es mostrada como vencida por la Resurrección de Cristo, así en Sevilla tenemos el paso del Triunfo de la Santa Cruz sobre la Muerte ("La Canina"). 

En Écija (Sevilla) también se celebraba una Danza de la Muerte, pero era representada en el día de los Santos Inocentes y, en vez de esqueletos, se ataviaban con enaguas y camisolines. En Torredonjimeno (Jaén), así como en muchas más localidades de toda España, también parece que se representaban, a juzgar por unos versos alusivos a la Muerte que igualaba al rico con el pobre y al Papa con el villano. 

Abajo un vídeo de la Dansa de la Mort catalana.


martes, 7 de febrero de 2017

EL EUSKERA COMO FORMA DE VIDA



Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor 



Siempre me ha caído bien Iñaki Perurena. Hace tiempo escribí algo sobre él, pues si bien matizaría alguna de las cosas que dice, me admira su defensa práctica de las tradiciones, desde el deporte rural al caserío, así como me parece entrañable el oír hablar castellano a alguien que se nota vascohablante sin remilgos ni artificios. Con todo, hay algo de Perurena y de otros que no concuerdo del todo, y es el tema del excesivo particularismo. Ojo, no digo que Perurena lo haga con malas intenciones. Pero todo sea por matizar. A saber:
-El castellano es el romance más vasco de la Península. Del vascuence heredamos las cinco vocales abiertas, la supresión de la "f" latina por la "h" (de "ferrum" a "hierro"), el sonido "rr", y eso por no hablar de palabras tales como "izquierda", "boina", "zamarra" (o "chamarra" o "chamarreta"), "chabola", "pizarra"... Muchas, además, en una conexión fonética, cuanto menos, parecidísima con el acervo lingüístico ibérico. El nombre ibérico de Granada era "Iliberri" y los romanos lo pronunciaron "Elvira". Muchos nombres iberos nos suenan a vascos.
Resumiendo burdamente: Que podemos decir que el castellano es el latín hablado por los vascos y no erramos el tiro.
-Si la tan dicha "conquista de Navarra" la hubiera ganado Francia, a día de hoy el vascuence habría desaparecido, como prácticamente ha desaparecido del territorio francés, como de hecho está desapareciendo por culpa del separatismo criminal, que desde la época de Sabino Arana está destrozando el idioma, y el "batua" no es sino el triste epílogo de cómo por una locura de odio politiquero se puede acabar con una tradición milenaria.
Ah, y si Castilla ganó aquella guerra, fue especialmente a los soldados guipuzcoanos, cosa que suele omitirse.
-Sí, tradición milenaria, pero ojo: Si bien es cierto que los vascones parten de la actual Navarra (y llegan hasta territorio aragonés), no es menos cierto que en el territorio navarro se cruzan con celtas e iberos, así como las Provincias Vascongadas eran mayormente célticas. Sí hubo mezcla con romanos y godos, por más que el separatismo lo quiera negar. Si bien es cierto que el vascuence es una lengua preindoeuropea, está llena de latinismos: "Pakea", de "pax", "rege", de "rex", "lege" de "lex"... Lo que quiero decir con esto es que lejos de ser un particularismo aislado, lo vasco, a nivel idiomático en particular y cultural en general, se extendió por buena parte de la Península; gracias a la lealtad de los vascos a los reyes de Castilla, y su lógico papel, por ende, en empresas como la Reconquista o la conquista y el poblamiento de América.
Cojan una guía de teléfonos de Jaén o de Lima y se sorprenderán de los apellidos...
-Hablando de estas cosas, el lauburu, otro símbolo de característica céltica, está tan extendido en Aragón como en Vascongadas, sólo que en Aragón es conocido como el "quatrefuellas"; y también hay en Jaén, como bien está estudiando y documentando el filósofo Manuel Fernández Espinosa. Otra vez el papel vascón en la repoblación y en la influencia cultural de norte a sur de España.
-Y sí, al fin y al cabo el idioma se hace una forma de vida. Decía Unamuno que la lengua es la sangre del espíritu. Y la lengua castellana o española (tal y como la denomina Covarrubias en el XVII), de norte a sur recoge múltiples influencias de otros romances, tales como el navarroaragonés, el asturleonés o el mozárabe, pero sin duda, su primigenia influencia determinante se debe a lo vascón.

jueves, 24 de noviembre de 2016

LA JOTA: DANZA HISPÁNICA





UNA DANZA QUE UNE A LOS PUEBLOS PENINSULARES

Manuel Fernández Espinosa

Se conjetura que la palabra "jota" (arcaicamente era "xota") parece provenir del verbo "sotar" (bailar y saltar) que parece que a su vez proviene de "saltare" en latín que derivó en mozárabe a "sáwta" (salto).

Es tanto una danza como un cante. Musicalmente tiene un ritmo en 3/4 ó el 6/8. Hay estudiosos que apuntan que su origen hay que buscarlo en Valencia, pero el hecho es que es uno de los bailes más extendidos por toda la Península Ibérica: así hay jota valenciana, castellana, extremeña, manchega, catalana, montañesa, andaluza, riojana, navarra, vasca y, por supuesto, la más conocida de todas: la aragonesa. La jota saltó el Océano Atlántico y también la encontramos en Hispanoamérica. 

Es, por lo tanto, una de las danzas tradicionales que unen a todos los pueblos hispánicos:


Jota Vasca:
 


Jota Catalana:


Jota Castellano:


Jota Extremeña:


Jota Navarra:


Jota Manchega:

 


Jota Valenciana:


Jota andaluza:


Jota Aragonesa:


  

domingo, 6 de noviembre de 2016

LAÚDES Y BANDURRIAS



Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor

Albergo la intuición de que, hasta principios del siglo XIX, las músicas andaluzas y criollas deberían sonar parecidísimas, y que ese poso se ha conservado hasta hoy en las islas Canarias. Ojalá pueda seguir investigando y redescubriendo, pero imágenes como éstas, ante laúdes o bandurrias, van confirmando lo que defiendo, basado en hechos donde la musicología actúa como agente histórico y antropológico.


Es una pena que estos instrumentos hayan desaparecido de la Baja Andalucía o del criollismo peruano, por ejemplo. Sin embargo, se conservan en Granada, Canarias o Portugal.




Con todo, lo que demuestran los hechos es que los "puristas", ya sean en la música, en la política o etc., al final lo que hacen es destrozarlo y desnaturalizarlo todo, porque no les interesa la historia, la identidad o la esencia, sino su desquiciado mimbre ideológico artificial. Por eso, por desgracia al flamenco apenas le doy una generación de vida, si es que al 99% de esta música de voces de borricos resfriados que parecen cantar para drogatas (¡y encima en nombre de la pureza!) ya puede ser llamado flamenco...

viernes, 2 de septiembre de 2016

ENTRE TANGOS Y ZAMBRAS


Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor
Curioso resulta que la palabra "tango" aparezca ya en el siglo XVII ligada a ambientes de negros, tanto en Triana como en Cuba. Creo que fue Ortiz Nuevo quien documentó que los tangos entran en el repertorio (pre)flamenco como "Tango Americano" o "Tango de los Negros". Y digo "curioso" porque a día de hoy hay quien pretende a los tangos como uno de los cantes flamencos más "puros/gitanistas", cuando hasta hace no mucho, habrían sido considerados "cantes menores", al igual que la malagueña así era considerada por algunos a principios del XX; y sin embargo a día de hoy, la malagueña suena de lo más jondo...
Otra curiosidad con esto del "purismo" que en verdad va acabar de matar al flamenco: En Granada se venden los tangos y las zambras como una suerte de "reliquia árabe"... Ya hemos hablado de los tangos; pero con respecto a las zambras, "zambra" era el vocablo con el que se designaba a una fiesta morisca (que no árabe); es decir, que dentro de la zambra se interpretarían distintos tipos musicales que desconocemos como tantos otros que se quedaron en el camino. La zambra que hoy se vende por el Sacromonte no es sino una digna hija del Cante o Género Andaluz de los siglos XVIII y XIX, y de una de sus consecuencias, la copla (el flamenco es la otra); estilo musical que probablemente se pueda estudiar mejor en La Habana que en Andalucía, pues hay una gran documentación en Cuba que está por explorar; y fue en los teatros antillanos donde esta música hizo furor, cruzándose con otras músicas españolas como el zortzico vasco. No es casualidad que Pepe Marchena, a principios del siglo XX, creara la colombiana flamenca a través de mezclar el corrido mexicano y el zortzico vasco, por ejemplo.
Y bueno, el tema es que me encantan los tangos y las zambras. Y me encanta toda la riqueza y la complejidad del flamenco. Qué pena que entre tirios y troyanos se lo estén cargando, a gusto de consumiciones ideológicas...



jueves, 1 de septiembre de 2016

DEL PARCHÍS Y LOS MANDALAS



NOTA A LA PROSAPIA SAPIENCIAL DEL PARCHÍS

Manuel Fernández Espinosa


Los juegos digitales han arrasado con los juegos tradicionales: pensemos en esa versión virtual de la caza del gamusino* que hoy es la caza de pokemones. Los juegos de mesa parecen ya formar parte de un pasado que apenas alguien recuerda. Entre los juegos de mesa figura el de la Oca o el Parchís. Sobre las connotaciones iniciáticas del Juego de la Oca, así como sobre sus orígenes que todavía son un enigma, se ha especulado mucho. Menos se ha tratado del Parchís.

Nuestro Parchís es la forma más generalizada en nuestro ámbito cultural, pero el Parchís está emparentado con otros juegos más y menos exóticos, como son el "Pachisi" que se juega en Pakistán e India (que, a su vez, parece descender del "Chaupar" al que jugaba el emperador Akbar I) y, más próximo en el ámbito europeo, aunque no tan popular en España: el "Parqués".

No voy a entretenerme en recordar ni glosar las reglas, tampoco voy a comparar estos antecedentes y parientes del Parchís. Lo que llamaré la atención es sobre lo que salta a la vista que es el tablero, tratando de aportar una interpretación simbólica que nos permitirá comprender la dimensión educativa (más allá de la lúdica) que tienen estos ancestrales juegos de mesa, hasta hace poco a simple vista triviales y domésticos.

El tablero del Parchís es un diagrama o lo que es lo mismo: una representación gráfica de las variaciones de un fenómeno, o de las relaciones que tienen los elementos o las partes de un conjunto. Cierto es que el Parchís resulta más geométrico y abstracto que el tablero de la Oca donde las casillas -independientemente de su estampación a gusto de la moda- representan símbolos mucho más intuitivos como son el "El Puente", "La Cárcel"... O la "Muerte" y, como meta, "El Jardín de la Oca" que vendría a representar el triunfo del jugador -homo viator- que alcanza ese trasunto del Paraíso.

Aunque existen tableros de Parchís para seis u ocho jugadores, el más común en España es el que hace competir a cuatro. Ciñéndonos al cuaternario parece obvio para alguien afinado en el simbolismo que estamos ante una representación simbólica del cuaternario, siendo el más universal el de los cuatro elementos: Tierra, Aire, Fuego y Agua.

Platón ya apuntaba que si el ternario era el número de la Idea, el cuaternario lo era de la realización de la Idea, lo que nos remite a organización material del mundo en sus cuatro direcciones: Norte, Sur, Este y Oeste; o su composición elemental (Tierra, Aire, Fuego y Agua), así como también en su cuatro estaciones: Primavera, Verano, Otoño e Invierno... Podríamos apuntar más cuaternarios.

Es mérito del filósofo español Ignacio Gómez de Liaño haber reconstruido genealógica y arqueológico-filosóficamente, en más de diez años de trabajo, la ruta y metamorfosis de los llamados "diagramas de conocimiento", empleados en los primeros siglos de nuestra era por gnósticos, maniqueos y otras sectas filosóficas o religiosas. Hallando su cuna en el arte de la memoria de los griegos (como Metrodoro de Escepsis que floreció en los siglos II-I a. C.) y, siguiendo los pasos de Alejandro Magno, Ignacio Gómez de Liaño nos lleva hasta Asia donde estos diagramas se transformarán en los conocidos "mandalas" que hoy están retornando a occidente: en algunos centros docentes se emplean plantillas que los niños colorean o, en su defecto, generan esas plantillas con compás y reglas, para luego colorearlas. 

El mandala tiene entre los occidentales profanos el prestigio de lo exótico, pero -como bien ha mostrado Gómez de Liaño- son los "mandalas" del budismo tántrico, por ejemplo, los que deben su existencia al arte de la memoria de los griegos -arte plasmada en diagramas más o menos complejos- que, en tiempos remotos, los ejércitos de Alejandro Magno llevaron al extremo oriente. Como en las sectas gnósticas que luego se sirvieron de estos diagramas, las religiones del Lejano Oriente también emplearon estos recursos como bien sabemos. 

A Occidente regresan, ya lo decimos, bajo la forma de juegos de mesa o bien como una especie de manualidades para esparcimiento de los niños, pero bueno será saber que constituyen un antiquísimo recurso para la contemplación de los misterios de la existencia y la memoria.    

NOTA:

Gamusino: es un animal fantástico con el que todavía, en ciertas partes de España y Portugal, se embroma a los jóvenes que se inician en la caza que es símbolo perenne de la vida.
  

viernes, 19 de agosto de 2016

EL RACISMO GITANO QUE NO ES GITANO

Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor 

Como nuestros lectores saben, alguna que otra vez hemos hablado del flamenco (1) y sus tópicos. Gracias a Dios, éstos cada vez son más superados, pues las evidencias son demasiadas. Y aunque los cansinos siguen con sus historias, la mayoría de las veces da pereza siquiera contestarles. Pero esto ya nos parece de fuerza mayor, porque los insultos racistoides contra nuestro pueblo nunca son tolerables.
Conste que, así como encabezamos este escrito, en absoluto juzgamos mal al pueblo gitano, sino al contrario: Contestamos a quienes utilizan al pueblo gitano para imponer una suerte de racismo exclusivista extrahispano y “post-romántico” que no se sostiene por ninguna parte.
Desde hace tiempo, Ricardo Pachón y adláteres vienen desbarrando sobre el flamenco en base al purismo racista dizque gitano. Curioso es que haga alarde de purismo excluyente a la vejez quienes, durante toda su vida, produjeron fusiones un tanto indigestas que nulo favor le hicieron al flamenco. Quedará muy moderno y muy “underground” y todos esos anglicismos del demonio mezclar flamenco con jazz o lo que sea, pero recuerdo que, aunque yo era muy niño, en aquella época todo aquello recibía críticas de los “puristas”, entre otras cosas, porque se hacía con músicos muy de Despeñaperros para arriba. Y con unas voces roncas desagradables que jamás existieron en el flamenco. Pero desde luego, es muy socorrido recurrir al racismo cuando no se llega.
Está claro que para gustos los colores, pero si nos remitimos al “flamenco puro”, poco favor le ha hecho. El flamenco cada vez está más mediocre y menos creativo. Y si se ha mantenido hasta hace poco, era gracias a las sagas de artistas y al celo fervoroso de muchos oyentes y curiosos. Desde hace años, sin embargo, desde el Estado se hace la guerra a la familia y al pueblo, adocenándolo para que abandone su cultura y sus costumbres y se eche en manos de lo primero que venga de fuera como si fuera el maná. Si la generación de mis padres tenía el complejo de que “tenemos que ser como Europa”, nosotros ya celebramos Halloween. Eso sí: Con voces roncas, como quien se harta de aguardiente luego de ponerse fina la nariz. Creando escuelas de borricos resfriados y demás malos imitadores.
Qué imagen tan lamentable, joder.
El escrito de Ricardo Pachón puede verse completo en el enlace:


Es bastante largo. Con todo, vayamos a sus ideas-fuerza:


LO QUE SE HA ESCRITO HASTA AHORA DE FLAMENCO NO VALE, PORQUE HA SIDO ESCRITO POR FLAMENCÓLOGOS PAYOS

No sorprende que se acuda al término “payo”, que es un vocablo racista. Pero bueno, todo ello corrobora lo que decimos: Si uno es “castellano”, no puede ni siquiera investigar, porque no le va a salir bien.  Vamos, yo, que soy de la Andalucía profunda a través de muchas generaciones (puestos a jugar a ser Sabinos Aranas…) resulta que soy sospechoso de “manipulador” según el criterio de alguien que es tan “castellano” como yo o más. Sin embargo, ese racismo gitanista-determinista se le olvida cuando cita como reputado flamencólogo a ¡Caballero Bonald! Descendiente del vizconde de Bonald, un pensador reaccionario francés. Sí señor, para dar lecciones de pureza gitana estamos… Y en su lista de cantaores, se le “olvida” a Silverio Franconetti, el mismo que extendió lo que a finales del siglo XIX se conoce como flamenco y que antes entraba dentro del Cante o Género Andaluz, y que no era gitano. Chacón tampoco era gitano. Y tantos y tantos otros. Pero claro, es que nosotros no podemos hablar de estos temas. Sólo Caballero Bonald y Pachón.
Por cierto, para quejarse de la clase política, hay que recordar que Pachón fue un militante histórico de la “autonomía” con la bandera islamizante del antitaurino y antisantiaguista (y amigo de racistas antiespañoles) Blas (Ahmad cuando se convirtió al islam) Infante y Pérez de Vargas de por medio, uno de tantos que jamás ha reconocido su mediocre culpa en aquel proceso caciquil que nos tiene postrados desde entonces, y que nos ha forzado a tantos jóvenes a la emigración. Y a Caballero Bonald le han dado el Premio Cervantes, igual que Juan Goytisolo. ¡Grandes ejemplos de persecución y rebeldía! Qué falsas suenan esas quejas de la política, de una política a la que algunos tanto han contribuido, y que tanta responsabilidad tienen como los políticos. Sé positivamente que no pagarán en vida sus tropelías, pero del juicio divino sí que no se escapa nadie.
Ah, Demófilo; otra autoridad a la que se recurre, tampoco era gitano. Y hasta tenía orígenes muy de Despeñaperros para arriba. Y si bien es cierto que su labor es encomiable como recolector de letras, no sabíamos que sus conclusiones eran palabras de Dios, máxime cuando no era gitano…


LOS GITANOS ANDALUCES FORMAN UNA ISLA ENTRE SEVILLA Y CÁDIZ EN LA CUAL NO SE CONTAMINAN CON OTRAS MÚSICAS

Se dice que: “Con meridiana claridad Caballero Bonald confirma la importancia del pueblo gitano-andaluz en el nacimiento de este arte. Por supuesto que los gitanos no traían el flamenco del Punjab, ni de los países transitados en su hégira desde la India a Triana. En todas las caravanas gitanas viajaban familias de herreros, caldereros, tratantes de ganado y, por supuesto, músicos y danzantes. Estos últimos fueron ampliando su música y su instrumental al paso por Rajastán, Asia Menor, Grecia, los Balcanes, Imperio Austro-Húngaro, Francia y España.
Llegaron a Triana sobre 1470 y en este arrabal de marginados convivieron con judíos conversos, moriscos y, sobretodo, esclavos negros escapados o manumitidos de casas sevillanas. Por eso no debe extrañarnos que en el Libro de la gitanería de Triana, escrito por Jerónimo de Alva y Dieguez, en 1749, se mencionen, como bailes de gitanos el cumbé, el guineano, el mandingoy y la zarabanda, todos de origen africano.”

Como historia romántica de un nacionalismo rancio trianero, queda muy bien. Pero muy pronto llegan las contradicciones; obviándose asimismo que en Triana no sólo vivían gitanos, negros y moriscos, sino también muchos “castellanos”, e incluso hubo un barrio de portugueses. Los judíos conversos no vivían precisamente en Triana, sino en otras zonas, generalmente más pudientes; y desde luego, no constituían ningún "proletariado". Aunque de todas formas, Triana no era un “arrabal marginado”, y dentro del otro lado del río, había ricos y pobres. Como en todos lados.
Sevilla y Cádiz, desde finales del XV a finales del XVIII, albergaron un gran círculo metropolitano donde, amén de gentes de todas las Españas (catalanes, gallegos, leoneses, castellanos, vascongados…) y otros grupos ya mencionados, se dieron cita franceses, alemanes, flamencos, genoveses, florentinos… Hasta armenios. Era un circuito “cosmopolita” de la época, uno de los más florecientes del mundo, avanzadilla del Atlántico hacia Canarias y América. ¿Y en este contexto, los gitanos desde Triana a Cádiz mantuvieron una pureza absoluta que venía de ellos y de nadie más (bueno, que sí, que de los negros también…)?
Eso por no contar que Andalucía es tierra de repoblación. Algo muy elemental y visible en nuestra identidad popular.
Por otra parte, cierto es que el flamenco tiene un regusto oriental. Dilucidar si eso viene de árabes, judíos, mozárabes, o vaya usted a saber dónde, es una pérdida de tiempo, porque ese tono melismático está extendido por todo el Mediterráneo, al igual que existe en la India o Irán. ¿Se acogieron los gitanos tan pronto a eso porque les recordaba como un aire de familia? A mí me da esa impresión. Pero no estamos ante una ciencia exacta y es imposible categorizar hasta esos puntos.
Si los gitanos no se pudieron aislar de negros y moriscos, ¿se iban a aislar de “castellanos” y portugueses? ¿Iban a escapar a sus influencias? Vamos, que ya puestos, ¿los gitanos asimilaron músicas de negros, pero sin embargo, rechazaron jácaras, folías, romanescas, seguidillas, jotas o romances?
Hablando de moriscos: Los de Triana, en muchos casos, procedían de Granada (a la que expulsan directamente del flamenco). Ya que cita músicas de negros, ¿por qué no cita músicas de moriscos?
Al final me tengo que acordar de “La llave de la música flamenca” (Signatura Ediciones) de los hermanos Hurtado Torres, libro capital sobre el flamenco desde un punto de vista musical –que no “anecdótico”-, donde se nos recuerda cómo ya desde finales del siglo XVIII ciertos románticos proyectaban sus sueños sobre los gitanos, poniendo palabras en sus bocas que jamás habían dicho.
Yo la verdad es que no sé en qué beneficia a los gitanos esa etiqueta de “marginal”, pero más de uno se sorprendería al ver las memorias del general Queipo de Llano, donde alaba vehementemente a los gitanos por haber colaborado con el Alzamiento. Además de eso, sabido es la buena sintonía que hubo entre la comunidad gitana y la Comunión Tradicionalista, habiendo colaboración activa para proteger la iglesia de San Román del terror rojo, así como hubo gitanos en el Requeté. Gitanos ha habido siempre de muchos tipos. No todos han sido canasteros. Y tampoco han sido todos bohemios progres, que es un fenómeno de Mayo del 68. Más bien al contrario: Si por algo se han destacado muchas familias gitanas es por haber sido gentes que han valorado el orden y la tradición por encima de todo. Y eso poco casa con determinadas ideologías modernas, que al final, no demuestran sino un paternalismo muy mal disimulado; una especie de complejo de superioridad que se cree poder enseñar y utilizar a los demás; como tantos progres oenegeros que exportamos desgraciadamente por el mundo con el dinero de todos, faltaría más.


LA ¡INVASIÓN! DEL FOLCLORE ANDALUZ E HISPANOAMERICANO…

En verdad es bueno que diga esto, porque el que más y el que menos se da cuenta del aire de familia existentes entre muchas músicas de Andalucía e Hispanoamérica, siempre con el filtro de Canarias y Cuba por bandera.
De todas formas, ya que se utiliza el término “invasión”, ¿nos podrían explicar los racistas gitanistas por qué en la forma de la guitarra que acompaña al cante de la soleá hay regusto de fandango antiguo, que ya en el siglo XVIII el Diccionario de Autoridades refleja como un “baile muy alegre que han traído los que han estado en las Indias”? ¿Por qué esa “forma” de guitarra esté presente también desde México a Argentina?
¿Por qué Caballero Bonald oculta a Silverio Franconetti quien, a su vez, estuvo emigrado en Uruguay?



Silverio Franconetti, buque-insignia del flamenco e ignorado por Pachón y Caballero Bonald, entre otros. 




Díganme una cosa: Si uno de los platos más famosos de la cocina española es la tortilla de papas, gestada en la cocina del general carlista Zumalacárregui, y si hasta el gazpacho lleva tomate… Quiero decir, si en las cosas más cotidianas referentes a nuestros usos y costumbres hay acriollamientos, ¿la música iba a escapar a ello? ¿O es que sólo hacían música unos supuestos gitanos puros aislados del resto del mundo?
Que haya gitanos rubios, otros que parezcan hindúes, otros que parezcan moros y otros que parezcan mulatos será puritita casualidad y, por supuesto, eso de los fenotipos y las costumbres nada afecta a la pureza de la música, que es una suerte de esencia racial distinta de todo lo que rodea. Una música que se ha mantenido pura e intocable desde el siglo XV, eso sí, sólo con algunos ribetes negros... El problema es cuando la palabra “tango” aparece en Cádiz en el siglo XIX como el tango de los negros, pero también como el tango americano… Así como en los teatros de La Habana ya está documentada en el siglo XIX la presencia del Cante o Género Andaluz, que convivió con el zortzico vasco y otras músicas peninsulares y criollas. Qué “casualidad” que Pepe Marchena, uno de los más grandes cantaores (mucho más cantaor y no digamos flamenco que muchos de los postcamaroneros de Pachón y compañía) creara la colombiana flamenca a través del corrido mexicano y el zortzico… Pero claro, si los flamencos no salieran de Triana o Cádiz y como mucho sólo captaran algunos “bailes negros”… Pero negros de Triana, eh, que no de Cuba ni de otros lugares.
Ya en serio: De “invasión” nada. Algo tan real como vivo, fascinante y emocionante. Crisol de músicas y de gentes cuyo tronco es muy anterior a la llegada de los gitanos. Un mundo mucho más rico y complejo que la mentira de las patas muy cortas que ya provoca vergüenza ajena.


EL FLAMENCO NO ES “ARTE POPULAR”

En cuanto al racismo, parece que también se da una suerte de “aristocracia” atragantada. Por lo visto, para algunos ser artista o ser del pueblo es una deshonra.
Hay que decir que el flamenco no es folclore. Cierto. Me gusta la definición del musicólogo Faustino Núñez: Reinterpretación del folclore, desde una óptica “andaluzada” o también “agitanada”, si se quiere. Pero el flamenco no nació en una isla racista, ni tampoco el pueblo gitano nació con tal esquema. Y entre los gitanos, como entre los castellanos, han sido los buenos artistas profesionales los que se han dedicado a extender, pulir y evolucionar los diferentes palos de una música llena de sutilezas y hasta refinamientos. Y de una música que siempre ha estado presente en toda Andalucía (y Granada, que no fue oficialmente Andalucía hasta el liberalismo del siglo XIX), incluyendo lindes extremeños y murcianos.
Dentro de las formas artísticas, resulta que el “postcamaroneo” ha extendido, además, la idea que cantar con la voz ronca es lo “puro/gitano”. Sin embargo, las grabaciones de principios del siglo XX, las más antiguas y “puras”, nos dicen todo lo contrario: Se cantaba con voces “laínas”, las mismas que empleaban la Niña de los Peines o el Gloria. ¿Y cuando le decían al Carbonerillo “¡así se canta gitano!”? A día de hoy, Antonio Mairena o Manolo Caracol sonarían “payos” según los estereotipos más racistas y cerriles. Por cierto, estereotipos que están dejando al mairenismo en pañales.
Y sí: El flamenco no es popular en toda Andalucía. Pero no por ello es “mayor” o “menor”, ni ajeno al acervo etnomusical del sur ibérico. El flamenco se nutre –y reinterpreta- de ese acervo musical preexistente. Se entiende el flamenco a partir de ello y no al revés.
Como para hablar de “invasiones”, que manda huevos.
Esta actitud exclusivista es la que provoca antipatía y recelo a una de las mejores imágenes de España y a una de las músicas más ricas de Occidente. Esta actitud es la misma que tienen los que rechazan el flamenco como algo “no español”. Al final, Dios los cría y ellos se juntan. Todo sea por buscar hechos diferenciales que nos dividan y desquicien más todavía.
En fin: Como decimos, esto da pereza ya. Pero ante el insulto y la mentira, no se puede uno callar.

Por desgracia, pienso que vivimos uno de los últimos momentos del flamenco. Al no haber familias, no hay transmisión. Al no haber transmisión, el flamenco se pierde, pues es una música llena de sutilezas, matices y hasta refinamientos, que no se aprende en un rato, ni se abona con modas más o menos pegajosas. Al estar invadidos por hechos culturales anglomediocres y por topicazos deformadores, esto no es sino una consecuencia lógica. Este racismo es el que ha hecho que muchos de Despeñaperros para arriba, con voces roncas, estén vendiendo por medio mundo algo que aburre y chirría. Eso, mientras se ha desprestigiado a muchas músicas y cantaores que brillaron por su excelencia. Al final, todo se paga. Y vaya si lo estamos pagando… Pero eso sí: Al menos, las corrientes más lógicas, musicológicas y antropológicas, nos han hecho ver la luz ante tanto desafuero. Y quien sabe si en verdad no está sino rebrotando esa hermandad natural entre músicas que nos pueda llevar a una mejor comprensión entre hispanos… Total, por soñar, que no quede. Al final, no hay mal que por bien no venga. Y de males ya estamos hartos. 



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